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No. 16/2017
Prot. No. 942/2017
28 de Diciembre de 2017

Circular

Gloria a Dios en el cielo 
y en la tierra paz a los hombres 
que ama el Señor
Lc 2,14

Hermanas y hermanos, ¡gracia y paz!

Los ángeles anunciaron el nacimiento del Mesías, el Príncipe de la paz. Después de su muerte y resurrección, Jesús encontrará a los apóstoles con el saludo de la paz. Toda la obra de la redención es una acción de paz de parte de Dios para la humanidad. Nos unimos a la celebración de la Jornada Mundial de la Paz 2018, presidida por el Santo Padre Francisco, quien, este año, nos invita a reflexionar en los migrantes y refugiados como hombres y mujeres que buscan la paz.

En estos últimos años, hemos sido testigos de que nuestra sociedad se ha convertido en destino para muchas hermanas y hermanos, solos o en familia, que vienen de fuera y dentro de nuestro país deseando encontrar mejores oportunidades de desarrollo. Monterrey, por su historia, ha tenido siempre una vocación de ciudad de puertas abiertas; muchas familias, tal vez la mayoría, nacieron de papás y mamás originarios de otro estado del país y luego llegaron aquí buscando lo mismo que las hermanas y hermanos migrantes de nuestro tiempo: un hogar y un empleo. Todavía hoy, muchas familias salen en vacaciones hacia sus lugares de origen o donde están sus raíces, donde viven aún familiares y amigos que dejaron para buscar nuevos nacimientos.

El Papa Francisco dice que los migrantes son hombres y mujeres que buscan la paz. Es una afirmación que contrasta con alguna idea que hemos escuchado en los últimos años que confunde al  migrante con el delincuente. Sólo una mirada contemplativa y una escucha afectiva pueden reconocer en las personas que lo arriesgan todo, incluso su dignidad y su vida, por encontrar un oasis de paz en medio de desiertos violencia, personas con un corazón recio, valiente y trabajador, con una riqueza interior capaz de hacer crecer a un pueblo, construyendo mejores posibilidades para sus familias. En la mayoría de los migrantes encontramos un corazón que cree y que espera: las cosas pueden ser mejores y un nuevo horizonte puede abrirse para la familia. Éstos tienen un corazón de paz, de ellos se ha nutrido la historia de nuestra sociedad. La Arquidiócesis de Monterrey está llamada a dar un paso como civilización: fiel a su vocación de sociedad de puertas abiertas, mantener el orden de justicia propicio para sus ciudadanos, de manera que, trabajando todos por el bien común, construyamos una sociedad de paz,  con la gracia del Espíritu Santo. Todos estamos llamados a colaborar en esta construcción: sociedad, gobernanza y religiones.

Quiero exhortarlos a seguir pidiendo al Niño que nació en Belén una mirada contemplativa y un oído afectivo, para poder ver en los migrantes personas fuertes y valientes; escuchar sus historias, llenas de pasión, muerte y resurrección, y descubrir sus corazones amantes de paz. Su historia es la historia de Cristo Niño: de Nazaret a Belén, de Belén a Egipto, de Egipto a Cafarnaúm; buscando dónde nacer, dónde crecer, dónde derramar su amor y su paz. Quiero también animar y agradecer a todas las personas de nuestra Iglesia diocesana que encaminan a nuestra sociedad a la paz construyendo caminos de justicia y a quienes trabajan en la atención a los migrantes, ¡qué el Señor los llene de vida! A todos, hermanas y hermanos, mis oraciones y nuestro compromiso con la verdad y la justicia que nacen con Cristo. 

Agradecido con Dios por todo lo que personalmente y como Iglesia nos ha regalado en este año que terminamos, les deseo un prospero 2018 en el que, llenos de esperanza fundada en el Señor Jesús, busquemos caminos de justicia y paz acompañados por Nuestra Señora del Roble, patrona de nuestra Arquidiócesis. ¡Dios los llene de bendiciones!

Dado en la Sede del Arzobispado de Monterrey a los 28 días del mes de diciembre del año del Señor 2017.